Don José Romero Font

José Romero Font, fundador en torno al año 1928 de la Agrupación de Nuestro Padre Jesús Nazareno, nació un lunes de Carnaval, el de 1897, en la céntrica calle Mayor. Los que le conocieron aseguran que nunca olvidarán su carisma y elegancia, además de esa bordería cartagenera y chirigotesca que, según nuestro tan querido Isidoro Valverde, tanto caracterizaba a este médico cartagenero alto y delgado como un junco, de pelo blanco, perilla blanca, amigo de la capa y de la pajarita, y coleccionista de vitolas de puros.

 

Estudió medicina en la Universidad de Cádiz, y ejerció como médico forense interino durante quince años, antes de trabajar en la Casa de la Misericordia, el Asilo de Ancianos y la Sección de Trabajadores Portuarios.

 

Su actividad en el seno de la Cofradía Marraja fue frenética: además de fundar la Agrupación del Nazareno, estuvo ligado de igual forma a los Granaderos Marrajos, cuyos miembros le llamaban cariñosamente “Mariscal”.

 

Fue designado responsable de los Granaderos en el 1942 por la Cofradía Marraja. En el año 1949 fundó el Tercio de Caballeros Cadetes Granaderos, cuya primera promoción contó con 27 caballeros cadetes entre los 3 y los 7 años. Cada domingo de Cuaresma en que el “Efesé” jugaba en casa, ordenaba que el tradicional pasacalles recorriera los aledaños del estadio del Almarjal para transmitir los mejores deseos al equipo de fútbol cartagenero.

 

En el año 1950 crea la Medalla de Primer Orden para el Tercio de Granaderos Cadetes. Introdujo la banda de cornetas en el tercio de Granaderos, con la oposición del que era por aquél entonces Hermano Mayor Marrajo, Juan Muñoz Delgado, y con el que mantendría nuevas disputas procesioniles como ya se verá más adelante.

 

En 1955 cesa como Presidente pero continúa como “Mariscal” de los Caballeros.

Tras fundar la Agrupación de Nuestro Padre Jesús Nazareno junto a otros marrajos inolvidables,formó su primera directiva, que estaba compuesta por él mismo como Presidente, Julio Castelo Asuar de Secretario, Ginés Gutiérrez de Tesorero, Fernando Flores como Contador y Fernando Alcoba como vocal.

 

Y ésta no era una junta cualquiera, ya que como él mismo comentaba: “yo nombré la directiva de la agrupación, aunque se oponían mis amigos. ¿Sabe usted? Me decían que el procedimiento era comunista; que la directiva había de ser elegida, democráticamente, en asamblea. Pero yo les dije que no; que la asamblea elegirá al presidente (que seria yo) y que el presidente nombraría a su directiva entre hombres de confianza. Y es que todos los lunes del año, a las nueve de la noche, nos reuníamos en mi casa de la calle de los Cuatro Santos”.

 

Eran aquellos marrajos entre otros su primo Manuel Ruiz, los hermanos Frigard Luis y Julio, Fernando Alcoba, José Amorós, Andrés Bastida, Antonio Cárdenas, Diego García y Fernando Flores entre otros. La confianza depositada en sus amigos, y también directivos, le permitía que las reuniones continuaran en su propia casa cuando era requerido por su profesión para salir a visitar a los enfermos.

 

Muy conocido por todos fue también su afán recaudatorio, que llegaba hasta límites insospechados, de tal forma que organizaba pases privados en su domicilio de películas de fuete contenido para la época cobrando la entrada a los asistentes. Incluso en el año 1940 promovió una cuestación por las calles de la ciudad para sufragar los numerosos gastos originados por las pérdidas tras las Guerra Civil, hecho que fue reprendido posteriormente por varios componentes de la Junta de Mesa Marraja.

 

A estas actividades se unieron las rifas y sorteos –con premios tan variopintos como trajes, tabaco, botellas de manzanilla, lotes de charcutería y entradas para las corridas de toros-, y las primeras zarzuelas organizadas por una agrupación de Semana Santa en la ciudad. Cuando se reanudan las procesiones tras la Guerra Civil, la Agrupación deja de participar en la Procesión del Santo Entierro, lo que provoca las quejas de algunos de sus componentes hacia la propia Cofradía Marraja. En el Cabildo General del 23 de marzo de 1940 se produce el primer intento de recuperar la tradición, pero el Hermano Mayor se niega a acceder a la petición de Romero Font tras un debate un tanto acalorado en el que el propio Hermano Mayor calificó la salida del Nazareno en esta procesión de “incongruente”. En vísperas de las procesiones de 1945, y tras una nueva intentona fallida en el 1942, José Romero vuelve a la carga en su afán de conseguir el permiso de la Cofradía para que permitan la salida en la Procesión del Santo Entierro, formando incluso una comisión encargada de redactar un estudio para presentarlo a la Cofradía Marraja. El sueño del “Mariscal” volvía a desvanecerse cuando el informe es desestimado por la Junta de Mesa el 9 de febrero de 1945. 

Tuvieron que pasar cinco años más para ver cumplidos sus deseos: en el año 1950 se acuerda que el Nazareno salga en ambas procesiones para dar mayor esplendor a la procesión marraja.

 

Centenares de anécdotas rodean la singular imagen de Romero Font, pero si una de ellas hubiera que destacar por lo comentada y conocida entre los cofrades marrajos, es la que tiene como protagonista la famosa mano del Nazareno. Una mano que probablemente perteneciera al Nazareno desaparecido en la Guerra Civil, y que una de sus clientas del barrio del Molinete le devolvió una vez terminada la contienda. La mano volvió a desaparecer misteriosamente, hasta que transcurridos muchos años volvió a aparecer en la casa de la viuda de Ramón Martínez, que fue camarera del Jesús, y que no dudó en entregarle a uno de los presidentes más carismáticos de la Agrupación: Antonio Cárdenas Ortega. Actualmente se desconoce el paradero de la mano “viajera”, aunque la Cofradía Marraja tiene en su poder una mano de la que se ignora su procedencia, y que podría pertenecer al Nazareno en cuestión, aunque éste es un hecho sin confirmar por el momento.

 

Otra de las anécdotas que todos los que le conocieron recuerdan sobre nuestro personaje, y que a su vez transcribe Isidoro Valverde en su libro “Cali o Marra”, es la que le llevó a José Romero Font a aprender a tocar el “Perico Pelao”. Amante de las marchas de procesión y gran coleccionista de partituras, se planteó aprender a interpretarlo en la procesión, vestido de “judío”. No le faltaron amigos que subvencionaran la idea: su propio hijo y Antonio Cárdenas entre otros se ofrecieron a pagar el traje. Consiguió hacerse con un “pito”, propiedad de un entusiasta procesionista y músico cartagenero apodado “Beethoven”, y comenzó a practicar ayudado por un marinero que no dudó en darle algunas clases. Agotado al ver que Romero Font no era capaz de aprender a interpretarlo, al tiempo el marinero se despidió de él dirigiéndole éstas palabras: “Bueno, usted ya sabe como tocar el pito. Ahora el “Perico Pelao” ya es cuestión de oído”.

 

Obviamente, nuestro protagonista captó la indirecta, y en aquel momento comprendió el porqué de la frase de su propio yerno que en más de una ocasión le había pronunciado: “Junco, Dios te dio orejas, pero no oído”. Nunca sería capaz de interpretar aquella marcha. José Romero Font murió el 8 de octubre de 1976 a los 79 años de edad.

 

 

 

 

REFERENCIAS: “CALI O MARRA”, de Isidoro Valverde . “LA AGRUPACIÓN DE JESÚS NAZARENO DE CARTAGENA”, de Domingo Andrés Bastida Martínez . “GRANADEROS DE BANDERA”, de José Alberto López Truque .

 

Nota: la fotografía, realizada por Matran, pertenece al Archivo de la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno (Marrajos)